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miércoles, 28 de noviembre de 2007

INDÍGENAS AISLADOS EN ENORME PELIGRO, UNA SIMPLE GRIPE MATARÍA A LA MITAD DE SU POBLACIÓN


Survival denuncia que Repsol contempla establecer contacto con indígenas aislados en la Amazonía

La ONG Survival Internacional tildó de "absurdo" el plan que Repsol YPF ha elaborado para definir cómo actuarán sus trabajadores en la amazonía peruana, si llegaran a encontrarse con indígenas en régimen de aislamiento voluntario. Según la organización, la iniciativa contempla "comunicar" con estas poblaciones "mediante dibujos en el suelo, gestos y utilizando un megáfono". La compañía, por su parte, afirma que se trata de una estrategia pensada "precisamente para evitar" que se produzca contacto.

Repsol YPF adquirió los derechos de explotación sobre la sección de terreno peruano conocida como Lote 39 (en la provincia de Loreto). Antes de empezar a operar en la zona, la compañía debe presentar ante las autoridades un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que incorpore un Estudio de Impacto Antropológico, en el que se detalle este tipo de protocolos de actuación con la población local de la región.
Sin embargo, según explicó Del Ser, Repsol YPF omitió esta parte del informe, por lo que el pasado 17 de mayo el Ministerio de Energía y Minas rechazó su propuesta y ahora la compañía prepara la documentación para presentarla de nuevo.

La preocupación de Survival y de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), que ha tenido acceso al Plan de Contingencia, reside en que el protocolo de Repsol contempla establecer contacto con estas personas que corren un "enorme peligro sanitario" si se topan con el personal de la petrolera, ya que "una simple gripe mataría a la mitad de su población", nunca expuesta a males para los que el resto del mundo ya ha desarrollado anticuerpos.

Se preocupan, asimismo, por los modos de comunicación que, según AIDESEP, contempla Repsol. La ONG advierte que "nadie conoce las lenguas que hablan los indígenas, los cuales con toda probabilidad verán a estos trabajadores petrolíferos como intrusos hostiles" pudiendo reaccionar de forma violenta, y recuerdan que "ya en el pasado, indígenas aislados en la región del Amazonas acabaron con la vida de trabajadores de compañías petrolíferas".

"El miedo de estos pueblos hacia los no indígenas está bien fundado, y hay bastantes probabilidades de que ataquen al personal de las petroleras que penetre en su territorio. Pero quizás lo que es más preocupante de todo es que las compañías, en ciertas situaciones, recomienden entrar en contacto con estos pueblos", declaran desde Survival. Evitar el contacto.

Por su parte, fuentes de Repsol YPF explicaron a Europa Press que la compañía se encuentra elaborando un "plan de contingencia para evitar, precisamente, el contacto con los pueblos indígenas aislados" y descartó que exista intención de establecer comunicación con ellos.
"La compañía cumple con todas las normas vigentes en su relacionamiento comunitario, yendo inclusive más allá de lo estipulado por la ley, por ejemplo, en caso de compensaciones. No tenemos registradas situaciones de e
nfrentamiento o antagonismo en nuestras relaciones comunitarias en todos los bloques donde hemos operado todos estos años", explicó la compañía.

En relación a los estudios de impacto ambiental, Repsol YPF afirmó que "se realizan escrupulosamente bajo la indicación de las normas y de lo previsto por las autoridades pertinentes" y agregó que "existen varios mecanismos de consulta con las comunidades, los mismos que se cumplen ampliamente a fin de permitir un mejor relacionamiento y hacer más provechoso el proceso de comunicación con las comunidades".

En cuanto a la existencia, "probada", según Survival, de que existan comunidades aisladas en el Lote 39, la compañía española declaró que "hasta la fecha, no tiene registrada ninguna certeza respecto de la presunta existencia de comunidades en aislamiento voluntario", aunque la posibilidad se contempla "como una medida preventiva y proactiva dentro del Plan de Contingencia".

El citado plan, contempla, entre otras medidas, "mantener una conducta pacífica y respetuosa; Establecer mínima comunicación verbal si fuera necesario y sobre todo, si fuera posible, habida cuenta que las lenguas son diferentes entre sí; En caso que no se pudiera obtener una comunicación verbal primaria de índole pacífico se deberá buscar los medios más adecuados para evitar el acercamiento y retirarse del lugar pacíficamente".

Asimismo, incluye "procurar utilizar los medios más adecuados para dirigirse a los nativos, si fuera posible, así como intentar comunicarles las razones de nuestra presencia en el lugar, así como transmitir la intención de la compañía de no interferir con sus actividades ni con sus valores culturales".

Por último, la comp
añía quiso aclarar la cuestión del megáfono, que, "en ninguno de los casos previstos en el plan de contingencia se utilizaría como amplificador de voz o medio de comunicación verbal", puesto que "sólo esta previsto su uso en caso de presentarse una situación extrema o de emergencia de manera tal que pudiera permitir una retirada pacífica y rápida de la zona".

domingo, 23 de septiembre de 2007

FIEBRE DEL CAUCHO EN EL PERÚ


En 1885, empieza la época del auge del caucho (aunque su explotación se realizaba ya desde tiempo atrás), producto cuya exportación aumentó año tras año hasta 1907, en que se registraron 3.029 toneladas métricas. Esta bonanza no volvería a repetirse. Iquitos experimentó durante aquellos años un auge y una prosperidad que no había tenido nunca, bonanza que también alcanzó a otras ciudades como Tarapoto, Moyobamba y Lamas. Los patrones derrochaban el dinero que habían ganado y construían lujosas viviendas para las que importaban materiales desde Alemania y otros países de Europa. Se impuso la moda europea y los caucheros vestían con las mejores telas y bebían los más finos licores. Muchas de las construcciones que aún se conservan en Iquitos dan testimonio del efímero período de abundancia y de improvisadas fortunas que al final de cuentas se esfumaron con la misma facilidad con que se habían formado a costa de tantas vidas, abusos y sacrificios.

La fiebre del caucho en el Perú, está teñida de sangre y pólvora, de gloria y abusos, la historia del caucho en el oriente peruano configuró el territorio actual y abrió los ojos a la administración de los gobiernos de turno, que poco o nada daba por esas extensas regiones verdes. Aquella época es posterior a las expediciones que llevaron a los conquistadores a ubicar el mítico El Dorado o un Paititi que encerraban incalculables tesoros; es también posterior al afán evangelizador de los misioneros que se internaron en la Amazonía para fundar centros poblados y "civilizar" a los "salvajes". El explorador que entró a la selva para extraer el caucho a fines del siglo XIX lo hizo con una imaginación libre de utópicas ciudades cubiertas de oro y sin una Biblia que justificara sus empresas.

Los caucheros

El cauchero peruano no sólo fue un empresario dedicado a la extracción del látex; también fue un equivalente del minero en la frontera estadounidense, una suerte de ley en una tierra sin leyes y muchas veces el defensor de la soberanía y la integridad territorial ante las aspiraciones expansionistas de los vecinos brasileros, colombianos y ecuatorianos. De hecho, eran conocidas las pretensiones brasileras, que consideraban que el entonces imperio del Brasil sólo sería una potencia mundial si lograba una salida al Pacífico.

Iquitos, fundada en 1757, por los jesuítas y convertida en capital del departamento de Loreto por el mariscal EP Ramón Castilla y Marquezado en 1864, fue el centro cauchero de la selva peruana y el primer puerto fluvial sobre el río Amazonas peruano. Desde allí se comercializaba con Manaos, en Brasil. Desde 1880, con el auge del caucho, la ciudad inició su expansión. Llegó a contar con colonias de portugueses, españoles, judíos y chinos y hasta nueve consulados en aquella época. Iquitos gozó de años dorados en los que la riqueza que trajo el oro blanco dejó muestras del esplendor en mansiones y en edificios de estilo morisco, como la Casa de Fierro, diseñada por el ingeniero Gustav Eiffel.

La demanda del caucho a finales del siglo XIX, hizo que se iniciara una suerte de "fiebre del caucho", similar a la del oro de unas décadas antes en Estados Unidos de América, y Canadá. Colombianos, ecuatorianos y, sobre todo, brasileros se establecieron en la desconocida frontera amazónica y compartieron un territorio sin presentacia estatal.

Al inicio de aquella etapa, en 1886, el prefecto José Reyes Guerra, natural de Moyobamba, redactó un informe que auguraba el oscuro futuro de la explotación de aquel recurso:

"...los grandes beneficios que proporcionaría el caucho se verían ensombrecidos por mayores desgracias a no ser que el Estado tomara medidas..." —Informe del prefecto José Reyes Guerra al gobierno peruano.

En un momento, las principales casas exportadoras eran las de Julio C. Arana, Luis Felipe Morey y Cecilio Hernández, aunque hubo numerosos caucheros menores no menos importantes. Arana fue el mayor: propietaria de los fundos gomeros y de las colonias del Putumayo, la Casa Arana se convirtió en la Peruvian Amazon Company con sede en Londres y acciones en la bolsa. En 1909, desalojó a los caucheros colombianos y ganó el control no sólo del territorio comprendido entre el río Caquetá y el río Putumayo, sino de la mano de obra indígena en toda la región.

Durante la prefectura de Pedro Portillo (1901-1904), se aprovaron leyes que gravaron a las importaciones e intentaron darle una mejor distribución a los impuestos derivados de la exportación de la goma, según sus calidades. Quedaron libres de impuestos productos como la manteca, el azúcar y las harinas, así como ciertas herramientas y maquinarias agrícolas. De esta modo, la flamante Aduana de Iquitos incrementó sus ingresos notablemente y Loreto se niveló económicamente con respecto al resto del país. En cierto sentido el cauchero fue un conquistador moderno, un explorador que -sin Biblia ni Dorado ni Paititi- gobernó una tierra indómita, descubrió en ella un atractivo desconocido y la convirtió en en una región apetecible que hoy sigue ofreciendo infinitas posibilidades y riquezas en diversas formas.

Fuerza laboral

Los indios naturales de la Amazonía estaban divididos -según el etnocentrismo del colono- en dos grupos: los bautizados o "civilizados" y los "salvajes". Eran reclutados a la fuerza y obligados a entregar cierto número de arrobas de goma al mes con la amenaza añadida de torturas, mutilaciones y demás vejaciones. En virtud de tales consideraciones, algunas veces los caucheros extrajeron de sus tierras a nativos más sumisos y los trasladaron hasta sus colonias de producción.

El sistema de control de la fuerza laboral era cruel desigual: el patrón sometía a los nativos y los obligaba a trabajar en condiciones de esclavitud. En cada barracón de trabajo había un capataz y, bajo su mando, un grupo de hombres armados que ponían orden en el barracón y perseguían, castigaban o neutralizaban cualquier amago de rebelión o huída. Dentro de estos "ejércitos" había una figura peculiar, la de los "muchachos", jóvenes nativos criados por los patrones que desempeñaron un papel importantísimo de control, ya que estaban armados y dominaban las lenguas y costumbres indígenas.

Otro aspecto de la era del caucho lo constituyó el desplazamiento de los nativos, sacados de sus tierras y llevados a convivir con otras etnias, a veces rivales entre si. Sólo en la cuenca del Putumayo, durante la primera década del siglo XX, murieron 40.000 indios de los 50.000 que antes vivieron allí.

Migración interna y colonización

Sin embargo, la explotación del caucho trajo otra consecuencia insospechada hasta entonces: la migración interna y la colonización de distintas zonas de montaña donde pocos se habían aventurado antes. Con la extracción de la goma fue necesario establecer zonas agrícolas para abastecer a los asentamientos. El Gobierno, fomentó esta migración y corrió con parte de los gastos de los pasajes, manutención temporal y con semillas para quienes fueran a las zonas señaladas. La peruana fue superior en número a la inmigración extranjera, y se desplazó principalmente de Rioja, Chachapoyas, Moyobamba, Tarapoto y Cajamarca.